viernes, 24 de agosto de 2012

Américo Fernández, Premio Federico Pacheco Soublette

(Publicado en el diario El Nacional” el 30 de julio de 1985)

Américo Fernández, Premio Federico Pacheco Soublette
El periodista debe hablar poco y escuchar mucho

Carmen Carrillo
Ciudad Guayana, 29 (Especial).
Tiene una voz profunda que impresiona y más de una admi­radora ha pensado que su dueño es un hombre alto y con una personalidad avasalladora. Sin embargo, Américo Fernández se de de ese comentario porque más bien él es muy callado, algo tímido y hasta muy parco para ser periodista.
Dice que un buen reportero debe hablar poco y escuchar mucho. Así Américo Fernández acaba de ganar por segunda vez el premio «Federico Pacheco Soublette. que otorga El Na­cional al corresponsal más destacado del año.
La noticia la toma con mucha tranquilidad y sólo aquellos que lo conocen bien, notan como cierta rapidez al hablar y una risa poco acostumbrada en su rostro.
El corresponsal de este diario en Ciudad Bolívar, nació en una aldea de pescadores, en una isla que como dice el mismo "tiene cinco kilómetros de ancho por once de largo". Coche, su tierra natal. Su padre era maestro y su mamá costurera, y aun­que allí vivían de la pesca, a Américo nunca le gustó pescar.
Siempre sintió inclinación por la palabra escrita, al punto que una vez en tercer grado, la maestra lo dejó encargado de las ciases por tres meses y con el dinero que obtuvo compró una máquina de escribir, en la cual redactaba hojas sueltas, criti­cando las acciones de ciertos funcionarios. Luego las colocaba en los postes de la isla.
Américo decidió marcharse de Coche a estudiar a otro lado. Se fue con el cura Juan Bautista Marcano quien lo inscribió con el padre Agustín en la escuela «Francisco Esteban Gómez«, en La Asunción.
Después se trasladó a Porlamar y de allí a Caracas a estu­diar la secundaria.
—Realmente hice periodismo remunerado —relata Américo­ en Ciudad Bolívar, a pesar de que cuando estaba en quinto grado es­cribí un folleto titulado Prontuario Geográfico de la Isla de Coche, primera publicación de ese tipo sobre la zona.
Participó en la lucha contra la dictadura y por un mitin que dio en Coche, fue detenido y fichado por la Seguridad Nacional. Allí ha­blaba como simpatizante de URD en contra del gobernador.
Su familia lo saca de la cárcel y lo envía a Ciudad Bolívar a casa de un primo hermano que era gerente en una Cervecería. Ayuda al pariente en el negocio y se dedica a escribir para el diario El Lucha­dor, de Jorge Suegart.
Cuando nace El Bolivarense, fundado por Brígido Notara Ricce se hace un asiduo colaborador del tabloide. Sus escritos eran tan polémicos que Pedro Vicente Gómez, distribuidor de los periódicos de la Cadena Capriles, le propone ser correspon­sal de Últimas Noticias, La Esfera, El Mundo y la revista Elite.
Paralelamente se desempeñaba como diputado a la Asamblea Legislativa por URD. Y trabajando para Ultimas Noticias eliminan la corresponsalía, por lo cual Rafael Durán Rondón, director de El Bolivarense, lo nombra jefe de redacción de este diario.
Para ese tiempo —cuenta Américo—, El Nacional tenía como corresponsal a José Luis Mendoza, quien se iba de vaca­ciones y nombró como sustituto a Joaquín Latorraca. Al parecer, en Caracas no gustó el trabajo de éste y José Luis volvió a Ciudad Bolívar buscando un nuevo suplente.
Esta vez –dice- me llamó a mi y en esa época cualquier periodista anhelaba trabar aunque fuese un día en El Nacional.
Cuando regresó Mendoza, el jefe de Provincia, Omar Pérez, lo envió a Puerto La Cruz y Américo se quedó como correspon­sal en Ciudad Bolívar. En 1967 obtiene por primera vez el pre­mio «Federico Pacheco Soublette. y el diploma se lo firma Ramón J. Velásquez.
Veinte años
Américo Fernández cumple veinte años en el periódico y recuerda mucho a José Moradell y a Omar Pérez, de quienes aprendió mucho. Cuenta, por ejemplo, que esté último lo en­señó a redactar corto y le decía que hasta La Biblia cabe en una cuartilla. Como anécdota, refiere la vez que Francisco Herrera Luque dictó una conferencia de dos horas en Ciudad Bolívar. "Logré redactar el material en siete u ocho cuartillas y recibí una carta de Herrera Luque en la cual me felicitaba por mi ca­pacidad de síntesis".
El corresponsal de Ciudad Bolívar relata que Moradell siempre quiso sacarlo de allí y trasladarlo a Puerto La Cruz, Barquisimeto o Caracas. "Nunca quise, y una vez el doctor Ar­turo Uslar Pietri me envió a la corresponsalía de Puerto Ordaz y me aumentaron el sueldo. Aguanté tres meses en esa ciudad de sol y concreto, y me devolví aunque ganara menos".
Fue secretario general de la AVP durante siete años y pre­sidente de la Convención Nacional que se celebró en esa ciu­dad. Apunta que la AVP como organismo gremial fue más so­lidaria y celosa de la profesión que el Colegio Nacional de Pe­riodistas. Admite que éste ha tenido muchas fallas.
En su vida privada, Américo Fernández sostiene que nunca ha influido en las profesiones de sus cinco hijos. Tiene un varón y cuatro muchachas. Angel Américo es profesor de historia, Rusalka es socióloga, Ondina estudia educación y Riolama, biolo­gía. La más pequeña llamada Aror, acaba de aprobar segundo ario de bachillerato y es la única que dice que será periodista.
El ganador del Premio «Federico Pacheco Soublette., 1985, ha escrito un libro titulado Cronología de Venezuela, el cual es re­comendado por el Ministerio de Educación como texto de es­tudio en el Estado Bolívar. Tiene en proyecto publicar las es­tampas infantiles que escribió para Tricolor y Uyapar y piensa recopilar sus trabajos sobre El Correo del Orinoco.
Mi mayor aspiración —dice Américo—, es revivir la revista Orinoco, que edité junto con Gladys Figarella. Mi problema es que nunca he podido vender un aviso y como ese era el trabajo de Gladys, y ella se fue, no he podido comenzar otra vez. Américo Fernández fue presidente de la Asamblea Legislativa y fundador del Museo de Ciudad Bolívar y Museo Soto. Actual­mente es miembro de la Junta Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, a nivel regional, y pertenece al Comité de Defensa de la Ciudad.
Ha ganado todos los premios culturales y periodísticos a nivel regional y expresa con toda tranquilidad que quiere dejar el reporterismo diario para dedicarse a la investigación y a escribir, para poner en marcha la revista Orinoco. La voz profunda vuelve a ser la de siempre. Ahora el corresponsal de El Nacional en Ciudad Bolívar recuerda su vida en Coche y dice: a mí nunca me gustó pescar.

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