lunes, 5 de agosto de 2013

Cronista AMÉRICO FERNÁNDEZ / Aníbal Ladera Villalobos



Del minúsculo terrón insular de Coche, coloca­do cual guardián marino frente a Las Marites, en Margarita, y de Araya, en el estado Sucre, equidistan­te apenas unos quince kilómetros de ambas costas, embadurnado de sal y yodo, aturdido de sol, redimi­do de luna, acaso de la mano de Egeria, divinidad de Camenas, ninfa de las aguas, de las fuentes inextin­guibles, y de la inspiración lumínica de Numa (Numa Pompilio), o conducido al portentoso Orinoco en las alas maravillosas del Águila Tonante, o de un gnomo, elfo, duende, posiblemente de Tchin, conducido a los rumbos de tierra firme bajo los efectos del eretismo de una vibración hierática, hasta abismarse ante el sorpresivo encuentro con la mágica presencia lapí­dea, erecta en medio del padre de nuestros ríos, don­de afinca su paso itinerante.
Nace en San Pedro de Coche un 26 de septiembre y  en las distancias del tiempo, cuando las aguas del mar alborotadas arrancaron las piedras, desplazaron las arenas, redujeron a un puño el terri­torio natal y golpearon furiosas los hombrillos de otras islas cercanas y lobanillos peninsulares, tal vez de los lejanos océanos y de Pangea, una indivisible chispa le propicia el talento, le traza cien mil caminos de can­diles laudables para desparramar de inestimables bienes a su otra patria chiquita. Conozco al cronista Fernández de vista y trato, y tengo firme convicción de sus valiosas actuacio­nes, indudable pedestal para el recuerdo y legítima satisfacción.
De verdad, me llena de alegría su dedicado em­pleo a la cultura de la famosa Angostura, «odalisca tendida al cuello del agua», cerca del emporio rocoso; el don del morocoto; la cíclica aparición de la sapoa­ra, de invariable ortografía, ocasionalmente tortugas, bagres, babillas y bandadas de plumíferas que cun­den de cánticos sus ámbitos y riberas. ¡Salve, y que viva la creatividad del tesonero amigo que impone la tenacidad en provecho del es­píritu y del saber que jamás fallece en el signo de las mejores causas!
(Tomado del libro “Inteligencia venezolana” de Anibal Laydera Villalobos)






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