domingo, 12 de octubre de 2014

LA PASIÓN DE INVESTIGAR / Carlia Barreto Nriega

AMÉRICO FERNÁNDEZ
La pasión de investigar

-Carlia Barreto Noriega-
-Fotografía de Clement Díaz-
(Primer número de la revista Esencia 2007)

Esencia: ¿Qué lo motivó a ser cronista?
Américo Fernández: Yo soy cronista porque soy periodis­ta. Llegué a ser cronista por la vía del periodismo, puesto que como bien lo acierta el académico de la lengua, Alexis Márquez Rodríguez "la narración histórica tiene bastante analogía y se rela­ciona mucho con la periodís­tica. Ambas se nutren, al efecto, de la misma materia prima, cual es el suceso real, el hecho acontecido. Y en cuanto a la técnica también presenta ciertas semejan­zas".
E.: ¿De no ser cronista a qué se hubiese dedicado?
A.F.: Querrá decir de no ser periodista y cronista ¿a que se hubiera dedicado? A cualquier ramo de las ciencias humanís­ticas, siguiendo posiblemente la línea de mi padre que fue maestro de escuela y mi abue­lo que fue abogado y Gober­nador de Nueva Esparta.
En su haber, cuentan 25 años de experiencia como co­rresponsal en Bolívar para el diario El Nacional,10 años es­cribiendo reportajes para la edición dominical del Correo del Caroní, 10 años en el car­go de diputado a la Asamblea Legislativa y 20 libros pu­blicados entre los que desta­can: Ciudad Bolívar a grandes rasgos, Cronología de Vene­zuela, Cronología del estado Bolívar y El Dorado un mito hecho realidad. Actualmente, lleva tres años escribiendo crónicas de los sucesos más importantes del siglo XIX, XX y lo que va del siglo XXI para el diario El Luchador.
E.: ¿Qué significa para usted este oficio?
A.F.: Significa lo que ya dijo en cierta ocasión el periodis­ta de El Nacional y Cronista de Coro Misael Salazar Ley­denz que el cronista es un "explorador que afianza la identidad, investiga el pre­sente y el pasado y su legado es tesoro valioso para el futuro".
Siempre periodista
A sus 67 años, Américo continúa con la misma pasión que ca­racterizó sus primeros años de trabajo. Su dedicación y amor por la tradición histórica, política y cultural del estado que lo adoptó continúan creciendo.
Aunque ya no ejerce el diarismo como al principio, Américo sigue siendo un periodista minucioso, que va más allá de lo obvio. Le apasiona la lectura, la escritura, los viajes y la inves­tigación de personajes y hechos de interés social y cultural; muestra de ello es su rincón de trabajo, un lugar mágico lleno de libros por doquier, reconocimientos y fotos que relatan de forma silenciosa su trayectoria, que son testigos de su diario trabajo, de su pasión por investigar.
E.: ¿Cuáles personajes y/o momentos de la historia no podrá olvidar? Y ¿Por qué?
A.F.: Los momentos de la historia imposible de olvidar son aquellos por mí vividos o de los cuales fui testigo a través del ejercicio profesional. Me refiero a la historia contemporánea regional y nacional a partir del movimiento cívico militar que derrotó a la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958.
Ejercí la política en el estado Bolívar y durante diez años fui diputado a la Asamblea Legislativa y su Presidente en 1963. Como presidente de la Legislatura aparezco al lado de Rómulo Betancourt colocando la primera piedra del Puente Angostura sobre el Orinoco.
Como periodista llegué a en­trevistar, individualmente, a los Presidentes Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos An­drés Pérez, Jaime Lusinchi, Luis Herrera Campins, perso­najes de la historia reciente imposible de olvidar bien por sus ejecutorias o por haber tenido trato directo con ellos, especialmente con el gran tribuno y líder político Jóvito Villalba del que poseo cartas.
De la Primera República, admiro a Miranda, de la Se­gunda República que cul­mina con la Gran Colombia, admiro a Bolívar, a Sucre y a Piar y a la Venezuela que viene desde 1830 a 1900, José Antonio Páez y José María Vargas.
Américo Fernández es uno de los hijos adoptivos más sobresalientes de Ciudad Bolívar, destacándose en el campo político, social, intelec­tual y cultural. "Este servicio", como él mismo lo define, es producto de la atracción que siempre ha sentido por "su historia, sus cuentos in­terminables, los mitos cos­mogónicos de sus indígenas, sus leyendas ancestrales, su encantadora morfología, configurando una suerte de 'pequeño burgo medieval', su tipología arquitectónica, su gran frente de agua y otros valores no suficientemente conocidos o divulgados". Elementos que han impul­sado esa peculiar pasión por investigar.
Este margariteño, proviene de una familia numerosa de catorce hermanos, la cual se ha caracterizado por es­tar conformada por in­telectuales y profesionales, quienes fueron enseñados a ser independientes e intuiti­vos de su vocación natural. Aún así, para Américo su fa­milia es "una fuente de afecto y apoyo emocional".
Además del amor familiar, Américo siempre estuvo ro­deado por personas dedica­das a la ciencias humanísticas e intelectuales lo que le sirvió de ejemplo para su vida pro­fesional.
Décadas inolvidables
En 1991 egresó de la Univer­sidad Central de Venezuela, como Periodista en el grado de magna cum laude. Sin em­bargo, ya llevaba varias dé­cadas ejerciendo este oficio que le permitió ser testigo de hechos transcendentales de la historia venezolana y boli­varense.
Este periodista, cronista y escritor compartió aquellos primeros años de oficio, en la década de los 6o, con pe­riodistas de la talla de Miguel Otero Silva, José Ramón Medina, Eleazar Díaz Rangel y Oscar Yánez, que luego se destacaron en el ramo de la literatura y la investigación.

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