martes, 28 de agosto de 2012

AMERICO FERNANDEZ // Escribe José Manuel Sucre Ruiz

El Bolivarense / Ciudad Bolívar, Lunes 28 de Octubre de 1985

AMERICO FERNANDEZ  //  Escribe José Manuel Sucre Ruiz

En un diario regional, el domingo 16/9/85 este buen amigo dio declaraciones referentes a mí per­sona, cosa que tengo que agradecerle grandemente aunque tengo que repetir aquí textualmente lo que dije hace muy pocos días refiriéndome a la querida amiga y poetisa Iris Aristeguieta, quien también se acordó de este pobre viejo carcomido por los años (el almanaque), los males físicos y sobre todo los morales, que llegaron al máximo con la inesperada desaparición de nuestro hijo Juan Manuel (qepd), que nos dejó a mí querida esposa y a mí, en la orfandad y de luto para siempre. Américo Fernán­dez es amigo nuestro desde los tiempos en que tra­bajamos juntos en el negocio comercial de F. E. Salazar, Sucursal Cd. Bolívar que abrió sus puertas el primero  de Octubre de 1945. Américo se hizo periodis­ta de fuste como lo es hoy, a esfuerzos propios y su rectilínea honestidad es y lo ha sido siempre su inquebrantable y permanente presea. Felizmente en Cd. Bolívar podemos contar con periodistas que le hacen verdadero honor a su gremio y a su tierra.
Mi agradecimiento y compañerismo con el ex-Presidente Carlos Andrés Pérez data de muchos años y estoy seguro que de resultar postulado una vez más para la Presidencia de la República, resultaría electo no solamente en el Estado Bolívar, a­donde es más que segura su elección, sino en toda Venezuela, pero había pensado que el tal vez imita­ra a su querido Maestro don Rómulo Betancourt para darle oportunidad a sus otros compañeros presidenciables donde hay hombres de la talla de Da­vid Morales Bello, Leopoldo Sucre Figarella, Car­los Canache Mata y otros de igual valía. De todas maneras estoy seguro que si Carlos Andrés resulta electo, se uniría de inmediato a David Morales Be­llo para luchar juntos y con la debida energía con­tra el narcotráfico que es uno de los peores males en que está envuelta la juventud venezolana y na­die mejor que Morales Bello es capaz de luchar y vencer en esta contienda.
Es mi deseo aclarar algunos dichos de mi querido amigo y paisano Américo Fernández para el caso de que él no interpretara bien lo que quise decir. Referente a las pequeñas o grandes diferencias de interpretación que pudieran existir en mí partido Acción Democrática en política o economía, creo que estos fenómenos son muy naturales en la democracia interna de cada partido, pero no estoy de acuerdo que tales controversias salgan a la calle cuando pueden ser discutidas y aclaradas en nues­tra propia casa que es de donde deben salir las Soluciones. Otro procedimiento sería empastelar las cosas en estos momentos críticos, cercanas co­mo están las fechas de elecciones.
Ahora quiero hablar unas cuantas cosas sobre mi familia en general y lo que debo a mis padres por los apellidos que me legaron. Como cosa previa debo decir que no soy de los que creen que haber heredado tal o cual apellido es cosa demasiado honrosa. No. Lo importante para mi es saber llevar el patronímico con estricta honradez y que nadie pueda decir sin levantar una calumnia que me aproveché del nombre o apellido para cometer infamias reñidas con la dignidad ciudadana. Pese a los va­rios años que datan del fallecimiento de mi padre Juan Manuel Sucre Samarra, quien siempre fue muy apegado a mí y a mi esposa, más que todo porque él era sordo de un oído y en vista de la vida solitaria que llevaba por este motivo, yo pasaba horas diariamente conversando con el tratando de aliviar su soledad. A estas alturas me parece que mi padre siempre está con nosotros y chequeando mi conducta como siempre lo hizo.
Juan Manuel Sucre Ruiz (mi hermano mayor) fue persona para mucha gente inolvidable especialmente en Tumeremo hoy capital del Distrito Domingo Sifontes, donde residió desde que contrajo matrimonio con la gran matrona que fue doña Inés Figare­lla Cordoliani. Sus 6 hijos nacieron y vivieron en Tumeremo hasta la hora de su inesperado fallecimi­ento, después del cual se vino Doña Inés con sus hijos a vivir en Ciudad Bolívar con nosotros al lado de mi padre. Más tarde se radicó en Caracas para velar por la educación y levantamien­to sus hijos. A la hora de la muerte de su esposo los negocios de la firma Rosales y Co. que él repre­sentaba, andaban mal debido a la cantidad de deu­das a los  obreros que trabajaban en la empresa de la minería y balata. Doña Inés sólo recibió un Seguro Vida de su esposo por Bs. 60.000,00 con lo cual procuró la educación de sus hijos que son: Juan Manuel (el mayor) hoy General retirado de las FAN y quien posee un admirable récord personal rectilínea conducta y honradez en la Institución armada. Fue Jefe de la Casa Militar en el Gobierno ­del Dr. Rafael Caldera y hoy vive de su pensión retiro. Leopoldo Sucre Figarella (el segundo hij­o y Ministro de Estado, Presidente de la C.V.G, En físico y recio carácter es el hijo más parecido a su padre. Hace años cuando apenas  era un joven, en el gobierno constitucional de Don Ró­mulo Betancourt fue nombrado Gobernador del Es­tado Bolívar y luego Ministro de Obras Públicas y más tarde en el gobierno constitucional del Dr. Raúl Leoni Otero fue ratificado en el Ministerio de Obras Públicas los cinco años de su gobierno. Leo­poldo Sucre Figarella fue "la mano derecha" del Dr. Leoni en la construcción del Puente Angostura sobre el río Orinoco frente a Ciudad Bolívar, que unía a la Venezuela del Centro con la Venezuela del Sur. Por eso es que pensamos que hombres de ese carácter, de esa trayectoria y de esas energías son los que necesita Venezuela en la Presidencia de la República para lograr por fin el verdadero progre­so y la estabilidad de la Democracia venezolana. Alguien dice: Leopoldo no es político queriendo de­cir: no es politiquero, ni engaña al pueblo con fra­ses de relumbrón.
El tercer hijo de Juancito, Antonio, fue un notable Médico Ginecólogo en Caracas fallecido en plena juventud y persona que llamaba la atención por los precios a su clientela. Deja un grupo de hijos que promete ser una verdadera esperanza de futuro para su querida y buena madre. José Francisco Sucre Figarella, notable hombre en la política inter nacional venezolana, hoy representante de Venezuela en la ONU y capaz en todo sentido. Inés Matil­de Sucre Figarella, esposa del conocido guayanés Dr. Carlos Eduardo León, Médico Veterinario radicado desde hace años con su esposa e hijos en Maracay, capital del progresista Estado Aragua. Y Guillermo Sucre Figarella, quien no caminaba todavía a la muerte de su padre, hoy excelente crítico literario y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Hombre sencillo y recto como pocos, lo mismo que su señora esposa e hijos. Como se ve, toda esta gente representa, primero, el fruto de los esfuerzos y constancia en el trabajo de Juancito, a raíz de cuya muerte el pueblo de Tumeremo se vistió de luto por varios meses pues él movilizaba a ese pueblo con su comercio y sus empresas de minería aurífera y explotación de balatá y luego de los esfuerzos de Doña Inés, admirable madre y matrona de Venezuela Doña Inés, en cuya memoria y recuerdo, nuestro Arzobispo el queridísimo Monse­ñor Crisanto Mata, fundó la Escuela Hogar Santa Inés, donde se educan y se visten 100 niñas indíge­nas y algunas campesinas del vecindario, quienes al terminar sus estudios van a colaborar en la edu­cación de sus hermanas indígenas.
Para terminar este articulo quisiera enviar el siguiente recado a mi amigo el Dr. Mancinij Presi­dente de la C.A. Electricidad de Ciudad Bolívar: A diario cuando me dirijo a la grata soledad de mí fundo por la Autopista Cd. Bolívar-Puerto Ordaz por la región de Marhuanta, encuentro todos los días encendidas las 24 horas las luces de la autopista hasta Marhuanta que es donde yo me aparto. Se está perdiendo, pues, una gran cantidad de enerva eléctrica sin que yo conozca el motivo. Cuando veo esto, lo primero que pienso es en la cantidad de gente pobre de Ciudad Bolívar que al  no poder pagar 2 recibos les cae "el corte" con la consiguiente oscuridad de su hogar.

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